Crítica Social


Paseo por una céntrica calle de Madrid y allí los veo. Sobresalen por todos los demás, brillan con luz propia posados en el elegante escaparate… Me quedo embobada un rato mirando esos impresionantes zapatos de 150 euros y sólo logro quitar la mirada de ellos para centrar mi atención en el nombre de la tienda. Una marca que conozco muy bien y que, probablemente, todo el mundo la haya mencionado alguna vez en su vida.

Irremediablemente vienen a la cabeza mis padres y su difícil situación económica. Trabajan en los zapatos, hacen más de 10 horas al día en una fábrica sin climatización y apenas llegan a fin de mes. Sí, ellos hacen zapatos de 150 euros e incluso de 600. ¿Paradójico?

“Estudia, Marina. No voy a consentir que tus manos se parezcan a las mías”. Esa frase es la que más veces he oído en mis últimos 10 años. “Tú no mereces esto y yo me esforzaré por que consigas tú sueño”, me dijo mi madre hace tres meses, justo antes de irme a Madrid. Mi madre es mi heroína. Una heroína real, de carne y hueso, con mirada agotada, manos estropeadas y huesos molidos. Espera su jubilación con impaciencia, pero su “princesa” todavía necesita de ese mísero sueldo que ella gana haciendo más horas que un reloj.

Mis padres han trabajado muchos años sin contrato y como ellos muchísima gente que vive y padecen en las fábricas de calzado. La economía sumergida en Elda está a la orden del día. También en otras ciudades… No hace falta irse fuera de España para encontrar precariedad laboral, casi explotación. Y encima cada día mis padres agradecen tener trabajo, ya que en Elda es una de las ciudades con más paro de la provincia de Alicante.

Me cuentan que han tenido un pedido devuelto. La gran marca de los preciosos zapatos del escaparate no vende lo que quiere y tiene mucho stock en los almacenes. ¿Solución? Devolver el pedido. Esa gran marca le dice al jefe de la fábrica en Elda que se han equivocado al poner las etiquetas (que ellos mismos han mandado). Los zapatos valen 5 céntimos más baratos de lo que pone en las etiquetas iniciales. A los trabajadores les toca quitar el precio de los 1.000 pares y volver a doblar etiqueta por etiqueta con el precio nuevo. Esto supone un retraso de unos días y además hasta que el pedido no esté entregado, la fábrica no cobrará.  Por la “equivocación” (provocada) el jefe percibirá un 10% menos de lo acordado. Ya son dos las semanas que en mi casa no entra un sueldo. Además se deben las horas extra (de 6 a 8 de la mañana y de 8 a 10 de la noche), horas que no son pagadas ni a 6 euros.

“Esto no es vida”. El cansancio ya no es sólo físico, es también psicológico. Son años y años con la incertidumbre de saber si esa semana se percibirá el sueldo. Hay que pagar la luz, el agua, el seguro y hacer la compra…. “No llegamos”, resuena una voz nerviosa y seria en el pequeño saloncito del piso de mis padres. Hace que me sienta culpable, egoísta, impotente y cabreada. “Mamá, déjame denunciar la situación, déjame contar lo que pasa”… “Tú estas tonta niña, ¿en que mundo te crees que vives?”, responde ella con un pequeña sonrisa porque sabe que sólo quiero ayudar.

“Estudia”… Eso que tanto me han repetido, eso que tan calado está dentro de mi, es la frase que más se oye en mi ciudad. Porque la realidad que se vive en mi casa no es única. Tengo muchos amigos que con 16 años se dejaron el instituto. Ellos ganaban dinero y a mi me daban 20 euros de paga. Ellos tuvieron un coche con 18 años y yo iba andando con mis zapatillas de marca. Ellos a día de hoy están en paro y yo intento labrarme un futuro. Muchos, ahora, con 23, 24 e incluso 27 años se han puesto a estudiar.

No hay derecho a que lo héroes anónimos sigan sin actuar, tragando y aguantando, como si un puesto de trabajo fuera un privilegio y no un derecho básico. No hay derecho a que las grandes empresas cobren 150 euros por un par de zapatos y en las fábricas los paguen a 30.No hay derecho a que mi heroína parezca mayor de lo que es, a que siga sintiendo incertidumbre y de que siga llorando cuando sabe que nadie puede verla. No hay derecho… “Esto no es vida”…

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